domingo, 9 de enero de 2011

LA CARTA ESPEJO (FICHA 35)

Hoy os voy a hablar de una herramienta que considero básica para el proceso de iniciar o activar la comunicación humana. Muchos piensan que se comunican bien con las personas de su entorno, pero cuando se analiza en detalle, se ve que lo que están haciendo, es informarse de los sucesos cotidianos: que han hecho los niños, a quién has visto hoy, que te ha dicho fulanito, etc. Se informan, pero NO se comunican.

La carta espejo, que es así como se llama la herramienta, pretende facilitar el logro de la comunicación plena. En numerosas ocasiones, cuando atiendo a parejas y se inicia algún tipo de conversación más o menos delicado entre ellos, observo que ninguno escucha, y lo que hacen es esperar a que el otro respire para meter baza. Se oyen, pero no se escuchan. Se trata de una lucha de poder, donde vale todo con tal de "tener razón". El "arma básica" de esta batalla dialéctica, es el reproche; que a su vez, es la forma de vinculación infantil por excelencia.

Son personas que comenzaron a tratarse desde la igualdad (simétricamente), pero luego iniciaron una lucha por el poder, que es lo que en la Teoría General de los Sistemas Humanos, se conoce con el nombre de "escalada simétrica" (mira que tú, pues anda que tú ...), que es el camino más recto para seguir incomunicados y resentidos.

Aquí, conviene recordar lo que ya he explicado en otro post. Cuando uno no entiende a otra persona, siempre le atribuye locura o maldad. Primero se le disculpa, porque se piensa que tiene un mal momento y algo ajeno a él le está pasando (porque sino, no me hablaría así). Si sigue firme en su posición, inmediatamente se le atribuye maldad (hay que ver que engañado me tenia o cuidado con la mosquita muerta).

Si analizamos un poco más de cerca las dificultades en la comunicación, hay que matizar que para escuchar, lo primero que hay que hacer es entender al interlocutor. Para entenderse con alguien, hay que poseer un Universo semántico similar (manejar palabras y conceptos compartidos, que permitan expresarse y comprenderse mutuamente). Ese es uno de los motivos por los cuales, personas que provienen de extractos sociales diferentes, con educaciones diferentes, y por lo tanto, con Universos semánticos diferentes, tienen muchas más probabilidades de no comunicarse bien.

Sabemos que el enriquecimiento semántico, se logra fijando conceptos y aprendiendo palabras nuevas. Todo ello, nos lo proporciona básicamente la lectura, pero sin olvidarnos, que como cualquier actividad en la vida, a comunicar se aprende comunicando.

Otra observación cotidiana, es que en general, suele costar hablar de cosas intimas cuando estamos en sociedad. Todos deseamos y tememos la intimidad, porque siempre está latente el miedo a ser rechazados o avergonzados, como rémora de los primeros aprendizajes (o soy perfecto o me callo). Sin embargo, si en una reunión alguien se atreve a poner encima de la mesa algún comentario intimo, nadie se ríe. Bien al contrario, crece la atención participativa, porque ese alguien se ha atrevido a hablar de su intimidad, y eso infunde interés y respeto.

La capacidad que tiene cada uno para comunicarse, es un ingrediente de su inteligencia emocional, y como expliqué en la cuenta corriente afectiva, esta inteligencia se divide en dos: la inteligencia intrapersonal y la interpesonal.

Para comunicarse bien, se necesita el coraje suficiente para "salir de sí mismo" y el amor suficiente para "entrar" en el otro, porque la comunicación es relación y revelación interpersonal.

Volviendo a lo de la carta, lo primero que quiero puntualizar, es que está diseñada para que produzca efectos tanto al emisor, como al receptor de la misma.

¿Por qué el nombre de carta espejo? Porque todas las relaciones son espejos. Nos atraen aquellas personas en las que vemos cualidades que nos gustaría tener y nos repelen aquellas otras, en las que vemos aspectos que negamos en nosotros mismos. Trabajando en el espejo de las relaciones, podemos llegar a ampliar nuestro nivel de conciencia. Se trata de reflejar, a través de la carta, aquellos aspectos más íntimos que nos acercarán a nuestro interlocutor.

Para que la carta espejo sea eficaz, se deben seguir al pie de la letra las siguientes reglas, que a continuación explicaré:

1ª. Está absolutamente prohibido reprochar nada al receptor de 
          nuestra carta

2ª. Se debe escribir en tercera persona

3ª. Debe incluir la condición, de que durante un lapso de tiempo,
     está absolutamente prohibido hablar de nada de lo que se haya
     dicho en la carta

Veamos los fundamentos de esta técnica. En primer lugar, es necesario, que el que la escribe, quiera comunicarse sinceramente. Se trata de hablar de él o ella, de abrir su corazón. Hay que explicarle al otro/a, como le ha hecho sentir determinada situación, que es objeto de la carta.

La primera regla, hace referencia a la prohibición de reprochar nada. Ya he explicado, que para lo único que sirve el reproche, es para que la otra persona se cierre, y sea imposible cualquier intento de “penetración” comunicacional. Hay que leer y releer la carta, para borrar el más mínimo vestigio de reproche.

¿Por qué es fundamental escribirla en tercera persona? Porque nos sirve para tomar distancia. El narrador no es el protagonista, el protagonista es una cámara, que cuenta una determinada escena.

Un ejemplo de esto puede ser el siguiente: “Estaba María leyendo tranquilamente el periódico, cuando Manuel, su marido, le dijo que le trajese un vaso de agua. Acababan de discutir, cosa que empezaba a ser demasiado frecuente. María, se sintió herida por la voz de mando de su marido. Estuvo a punto de saltar, pero se contuvo. Se sintió al mismo tiempo, temerosa y profundamente triste, pero no se atrevió a hablar” .

En estos párrafos, vemos como María muestra su interior, y a modo de soliloquio, le comunica a Manuel sin reproche, todo lo que ha sentido. Gracias a la tercera regla, se evita que Manuel “tenga” que contestar. El podrá leer la carta todas las veces que le plazca, y esto irá abriendo espacios de comprensión y reflexión, que irán acercándoles.

En la primera carta, suele ser bueno que se anuncie que se trata de un juego, para que la otra persona no piense que hemos perdido la cabeza. Al final de la carta, se le marca el tiempo que debe transcurrir hasta que se pueda hablar de lo escrito.

Las cartas no tienen porque ser muy largas, ni excesivamente elaboradas. Se pueden dejar en un lugar para que el otro las encuentre, o incluso se pueden mandar por correo.

Es muy interesante observar, como al recibir una de estas misivas, se suele generar un comportamiento cómplice (sonrisas, comentarios, etc.) entre los participantes. Es el principio del cambio. Continuará …

2 comentarios:

  1. Este artículo ha marcado un antes y un después en mi vida afectiva.

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  2. No sabes como me alegro. Este comentario ya justifica el esfuerzo de escribir. Gracias

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