domingo, 22 de mayo de 2011

LO QUE NO NOS CUENTAN DE LOS TRANQUILIZANTES (FICHA 46)

Hoy os quiero hablar de lo que considero una verdadera epidemia Mundial y por supuesto también Nacional. Se trata del uso abusivo de las benzodiazepinas o tranquilizantes, que son las causantes del principal problema sanitario de intoxicación y adicción en nuestro País.

Las benzodiazepinas son medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central produciendo efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes (relajantes musculares). Por ello, se usan en medicina para la terapia de la ansiedad, insomnio y otros estados afectivos, así como en las epilepsias, abstinencia alcohólica, sedación y espasmos musculares.  

En España hay un 20 % de la población que se automedica, y dentro de esta automedicación, existen más de un millón de consumidores a largo plazo (más de un año de consumo) de benzodiazepinas.

Es muy frecuente, que estas personas estén polimedicadas con ansiolíticos, antidepresivos y en no pocas ocasiones, suelen asociar todos estos productos con otros fármacos (para la tensión, el colesterol, la diabetes, antiácidos, analgésicos o lo que sea). No es nada raro, que lleven en tratamiento psicofarmacológico varios años; sufriendo toxicidad, dependencia y síndromes de abstinencia, sin tener ningún apoyo o consejo profesional para superarlos. Según las últimas estadísticas, la media de tiempo que una persona toma benzodiazepinas en España, es de ... ¡siete años

Todo buen médico, debe contar con el correspondiente arsenal terapéutico que le permita enfrentar las dificultades de sus pacientes. Ni medicación para todo, ni medicación para nada. La medicación es una herramienta más, y en mi caso, procuro medicar lo menos posible en la creencia de que todos tenemos nuestra propia farmacia interior, centrándome más en la promoción de la salud que en el tratamiento de la enfermedad.

Es verdad que hay ocasiones, en que es absolutamente necesario medicar; pero en ese caso, siempre hay que tener en cuenta, que estamos introduciendo en el organismo de nuestros pacientes, sustancias químicas muy potentes; que si bien son eficaces, no es menos cierto que presentan múltiples efectos secundarios, que hay que avisar y controlar.

Aunque todas las benzodiazepinas ejercen una acción similar, se comercializan como ansiolíticos, hipnóticos o anticonvulsivos. Entre las benzodiazepinas y medicamentos similares más populares, se encuentran los siguientes: Orfidal y/o Idalpren (lorazepan), Lexatin (bromazepan), Trankimazin (alprazolan), Valium (diazepan), Tranxilium (clorazepato), Rivotril (clonazepan), Rohipnol (flunitrazepan), Stilnox (zolpiden), Nobritol (Medazepan) y un largo etcétera.

A pesar de que los laboratorios saben de su poder adictivo, y de que se deben retirar o controlar en cuatro semanas, en ningún prospecto aparece dicha advertencia.

¿Pero como es posible que hayamos llegado a esta situación tan perniciosa?

Seguramente son muchas las causas, pero estoy seguro que la Industria Farmacéutica no es ajena a toda esta problemática, con la “complicidad” (a veces inconsciente) de los propios médicos.

En la sociedad de consumo en la que vivimos, las enfermedades y sus tratamientos, también están sometidos a las leyes implacables del marketing; que a su vez, obedecen a la ley básica de la oferta y la demanda. Frente a una determinada oferta de un producto farmacéutico, se crean demandas para el mismo; en forma de síntomas y/o enfermedades (objetivos diana), para las que puede servir dicho fármaco (ver Traficantes de Salud de Miguel Jara).

A grandes rasgos, el proceso que sigue la fabricación y “penetración” de un fármaco, hasta su completa “perversión” (desviación de su fin) es la siguiente:

1.- Fase de creación y prueba: Profesionales expertos, con casos bien estudiados, pero cuya evolución es negativa, prueban un determinado fármaco, para analizar su utilidad en dichos casos.

2.- Fase de campaña de marketing: Si la prueba es un éxito, arranca la campaña de marketing (información y difusión) del nuevo producto. Su objetivo, es descubrir nuevos casos y nuevas aplicaciones por parte de profesionales, que ya no tengan tanta experiencia y conocimientos en el tratamiento de la enfermedad en cuestión.

3.- Fase de penetración: A medida que el laboratorio difunde y expande más información sobre el producto, los profesionales que lo prescriben tienen un menor nivel de conocimientos especializados. La velocidad de “penetración”, es directamente proporcional a la “potencia” de la Industria Farmacéutica que haya detrás. 

4.- Fase de banalización: En un determinado momento del proceso, si la presión expansiva continua, el fármaco franquea la barrera de la especialidad de origen y comienza a ser prescrito por especialistas de otras ramas clínicas. Es la llamada “banalización” (Dr. Aizpiri) del síndrome clínico y del fármaco en cuestión.

5.- Fase de explotación del éxito: Los laboratorios, a través de sus departamentos de marketing, empiezan a buscar otros síntomas o enfermedades diana a las que se les pueda aplicar el fármaco, para así aumentar su demanda y de paso, sus ingresos.

6.- Fase de descontrol: El fármaco puede llegar a ponerse de “moda”, siendo este el punto donde su diagnóstico y utilidad, está totalmente descontrolado, con el consiguiente aumento del daño potencial a sus consumidores.

Estadísticamente, está comprobado que desde que se crea un fármaco hasta que se “descontrola” su utilización, suelen pasar entre 6 y 7 años. Años durante los cuales, los laboratorios no solo recuperan su inversión, sino que aumentan exponencialmente sus ingresos. En contrapartida, con algunas excepciones, la población de consumidores ven como se degrada su salud.

Si todo lo dicho, lo llevamos al campo tan amplio de las enfermedades psíquicas, nos costará muy poco imaginar, el tremendo daño que podemos infligir a ese segmento de la población.

Por la facilidad con que hoy se pueden adquirir las benzodiazepinas, estas ya se han pasado al escenario de las drogas. Hoy sabemos, que el 90 % de los drogadictos lo son a varias drogas; y entre ellas, se encuentran las benzodiazepinas a dosis elevadas, con el consiguiente peligro y deterioro para su salud.

En forma genérica, para ayudar a retirar y superar la adicción a las benzodiazepinas, hay que hacerlo de forma lenta y progresiva. Inicialmente se puede bajar la dosis en un 25 % y el resto, hasta su supresión total, hay que hacerlo a un ritmo de un mes por año de consumo.

Supongamos que tenemos un paciente, que lleva 3 años consumiendo  dos comprimidos diarios de Orfidal de 1 mg., en desayuno, comida y cena. En total estará tomando 6 mg. al día. Para retirarle el fármaco, lo haremos de la siguiente manera: De entrada, le reduciremos la dosis a una cuarta parte (4,5 mg. al día). Podrá tomar 1,5 mg. en desayuno, comida y cena. A partir de ahí; como lleva 3 años de consumo, necesitaremos irle reduciendo de forma progresiva esta cantidad a lo largo de 3 meses. Todo ello, irá acompañado de otras medidas nutricionales y desintoxicantes, para ayudarle a superar con éxito, su adicción y correspondiente síndrome de abstinencia. Continuará …

2 comentarios:

  1. Muy interesante, gracias por el artículo.

    Eduardo Barca

    Pd: le agradecería nos explicara, si dispone de tal información, como se aprueban los estudios en infantes antes de que se aprueben los fármacos a nivel legal para esa edad, si se supone que no están aprobados, se supone que sería ilegal y éticamente, y por tanto, denunciable (aunque no dudo que se sabrán cubrir las espaldas en cuanto a legislación, o se van a países donde esa legislación no existe...)

    Gracias por compartir el conocimiento, Un placer leerle...

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  2. Eduardo, lamento no disponer de esa información, pero me temo que las cosas van por lo que sospechas. Gracias por seguirme.

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