miércoles 10 de agosto de 2011

LAS CUATRO PALABRAS: PENA,RABIA,AMOR Y CULPA (FICHA 51)


Imagina por un instante que eres un poliedro (cuerpo cuyas caras son planas y encierran un volumen finito) de cuatro caras, y que en cada una de ellas, tienes escrita una de estas cuatro palabras: Amor, rabia, pena y culpa.

La mayoría de nosotros solo mostramos nuestra cara manifiesta o favorita, que es con la que nos identificamos. Esto nos da la seguridad suficiente como para crear y perpetuar nuestros melodramas. Así, habrá personas para todos los gustos: apesadumbrados, amorosos, culpables, rabiosos … y todas las variantes que puedas imaginar alrededor de estas cuatro palabras.

Como todos queremos que nos quieran, esas “caras” no dejaran de ser “cebos” para atraer a nuestros complementarios. Por eso, el pesimista tendrá algún optimista que tire de él, el sádico se moverá con sus correspondientes masoquistas, la amorosa “madre” siempre estará a la búsqueda de algún “hijo” a quien atender, el cascarrabias necesitará de apaciguadores … y así sucesivamente.

Que solo mostremos una cara, no quiere decir que las otras no existan. De hecho, si reflexionas sobre tus relaciones con personas significativas a lo largo de tu vida, es muy probable que en el transcurrir de esas historias, hayas pasado por las cuatro palabras, como si fuesen las cuatro estaciones de tu clima afectivo. Si a pesar de ello, la relación no se ha roto, esta se habrá hecho mucho más sólida y duradera. Pero por desgracia, lo que suele ocurrir, es que en ese test de “rendimiento global” que supone la vida, no todos somos capaces de superar las dificultades y los cambios.

Ya expliqué, que uno de los criterios de salud mental más importante, es el de la movilidad de roles e ideologías. Según esto, lo más sano es que podamos conectar con cada una de estas palabras, y que nuestro "poliedro" sea capaz de girar, para mostrar la cara que esté más acorde con las circunstancias que estemos viviendo. Si eso ocurre, querrá decir que estamos conectados y “asociados” con nosotros mismos, poseyendo los registros suficientes para seguir gestionando nuestras vidas.

Pero ¿Por qué ocultamos las otras caras? ¿Por qué no solemos mostrarnos en trescientos sesenta grados? Probablemente, porque somos seres inseguros que tenemos miedo a no ser aceptados; con el consiguiente dolor y conflicto que eso conlleva. Sin embargo, las otras caras están ocultas y latentes en nuestro interior. En muchas ocasiones ignoramos totalmente su existencia, pero sufrimos sus consecuencias.

Para que el “poliedro” gire, suele ser necesario que algo fuerte nos sacuda las entrañas. A veces puede ser una enfermad, una pérdida o una crisis de cualquier tipo, el detonante que "necesitamos" para producir dicho giro. Como casi siempre, parece que el cambio tiene que venir de fuera.

Cuando hablé de la sombra, hice mención a aquellos aspectos, que estando latentes en nosotros, no podemos conectar con ellos debido a nuestras creencias. Si por ejemplo, mis creencias dicen que “debo” ser educado y comedido en mis manifestaciones afectivas, es más que probable que muestre gran dificultad para conectar y expresar amor y/o rabia. Por lo tanto, las dos palabras estarán "desconectadas" y latentes en el lado oscuro de mi psiquismo. Esa disociación, será la responsable de un conflicto psíquico inconsciente, que podrá manifestarse en forma de ansiedad o depresión.

Para entender como se manejan estos conceptos en la clínica práctica, os voy a hablar de una paciente que llamaré Lucía, y que por aquel entonces tenía 25 años. Acudió a la consulta, con unos niveles muy elevados de ansiedad e hipocóndria. Estaba medicada con ansiolíticos.

Llevaba 3 meses, sin poder dejar de pensar que sufría alguna enfermedad grave, que los múltiples médicos a los que había acudido "no sabían detectar". Para su desesperación y sufrimiento, todas las pruebas y análisis resultaron negativos, no encontrando ninguna justificación orgánica a lo que le ocurría. 

Con fines didácticos, voy a enumerar aquellos aspectos de su historia, que considero relevantes para esta exposición:

               Lucía es médico, y en el momento de la consulta, le acababan de confirmar que había conseguido una plaza muy importante en un hospital americano. Debía viajar e incorporarse en los próximos dos meses
               Sus padres, se habían separado de forma traumática cuando ella tenía 10 años (el padre llevaba manteniendo una relación clandestina con una mujer desde hacía 5 años y con la que después se caso). Lucía se quedó viviendo con su madre y un hermano 4 años mayor que ella. Sus padres continuaron llevándose mal
               Se sintió abandonada y traicionada por su padre, que es un afamado neurocirujano (especialidad que ella ha elegido). Su madre perdió 30 kilos en la separación, y sufrió una profunda depresión de la que le costo mucho recuperarse.
               Actualmente sus padres viven con sus respectivas parejas.
               A los 12 años se empeño en ir a estudiar interna a Madrid, porque allí estaba su hermano. Sus padres se lo consintieron.
               A los 15 años se fue a vivir con una prima a casa de una familia que alquilaba habitaciones, y a los 18, se fue a vivir sola a un apartamento. Tuvo un ataque de ansiedad muy fuerte y le pusieron un tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos
               Lucía se describía como rebelde e independiente, y decía sentirse muy enfadada y abandonada por su padre. Afirmaba que era igual de independiente que su madre, con quien se sentía muy parecida y unida.
               Siempre ha salido con chicos raros y conflictivos, sin llegar nunca a tener una relación afectiva estable
               Las continuas recaídas de Lucia, tenían a sus padres muy preocupados y desconcertados

Como hago con todos los pacientes, se le efectuó una amplia exploración diagnóstica que confirmó una situación física de profundo agotamiento (había hecho un gran esfuerzo para conseguir su trabajo), con unas defensas muy bajas y una nutrición muy deficiente. Como tratamiento paliativo, se actuó sobre su sintomatología física, a base de dieta de desintoxicación, multinutrientes y reposo. Es lo que llamo "podar, abonar y poner al sol".  

Iniciamos el tratamiento "curativo" con una psicoterapia integral planificada de esclarecimiento, donde rápidamente se focalizó sobre su terrible miedo al abandono. Su conducta así lo confirmaba.

Hasta "caer enferma" se mostraba muy activa, independiente y contestataria. Pero a raíz de sentirse mal, su dependencia se disparó hasta tal punto, que "obligó" a que sus padres estuvieran tremendamente preocupados y totalmente pendientes de ella.

Una vez más, y como he explicado en otro artículo, se demostraba que la pregunta importante no era QUE le pasaba a Lucía, sino PARA QUÉ le servía lo que le pasaba.

Básicamente le servía para dos cosas:

1.             Para reclamar cuidados y atención por parte de sus padres. La verdadera función de sus síntomas era lograr que la "enfermedad" hablaba por ella, y
2.             Para agredirles a través de la preocupación y la culpa

Lucía, conectaba conscientemente con la palabra AMOR y PENA hacia su madre y con la palabra RABIA hacia su padre, pero sabía muy poco del AMOR que sentía por su padre y de la RABIA hacia su madre. Estas dos últimas palabras permanecían enterradas en su inconsciente.

Había que lograr que Lucía girase su "poliedro", para que al conectar con ellas, pudiera "perdonar" a sus padres y así, liberarse de su sufrimiento.

En una sesión, me contó que su madre siempre había sido muy feminista, y que le espantaba depender de los hombres. Me dijo literalmente: "aún hoy, no se deja ayudar y en muchas ocasiones adopta el rol de tio".

A raíz de ese comentario, le hice un señalamiento (intervención técnica que consiste en señalar al paciente alguna conducta propia o ajena, para luego observar la conciencia que tiene de ese patrón repetitivo, estimulando su capacidad de indagación y autoconciencia) de dos aspectos del mismo, que le invitaba a que reflexionase:

1.             Le dije que era muy posible que al identificarse con su madre, ella se sintiese también "un hombrecito" que no necesitaba de los demas. De esa manera, era muy explicable el porqué ahuyentaba a los hombres normales (con los que podía hacer un proyecto) y atraía a los conflictivos (con los que no se podía hacer un proyecto de vida).
2.             También se abría la hipótesis, de que probablemente su padre no se había sentido lo suficientemente valorado y necesario para su madre, por lo que se buscó una mujer dependiente, que se mostrase vulnerable y que le demostrase que le necesitaba.

Estos señalamientos fueron tan potentes para su psiquismo, que su prisma giró, dándose cuenta de:

               El AMOR hacia su padre (había escogido la misma profesión que él). 
               De como "tomó partido" por la madre al identificarse con ella, declarando a su padre el culpable absoluto del abandono.
               La RABIA hacia su madre: en primer lugar por permitirle que a los 12 años, ella tomase la decisión de irse a estudiar sola a Madrid; y en segundo lugar, la culpaba de que la hubiese puesto "en contra" de los hombres.

En sesiones posteriores se fueron matizando y colocando las piezas de su puzzle. Lo más importante para Lucía, fue que logró ver a sus padres en su dimensión humana (en 360 grados). Al comprenderles, les perdonó, y eso hizo que su "poliedro", se moviese libremente por las cuatro palabras. Continuará ...

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada