domingo, 5 de febrero de 2012

PÉRDIDAS NECESARIAS (FICHA 59)

En el año 1992 leí por primera vez el magnifico libro de Judith Viorst llamado “Pérdidas necesarias”. La autora, después de pasar largos años escribiendo con éxito sobre el mundo interior de los niños, decidió profundizar en la psicología humana. Se formó en la teoría psicoanalítica y empezó a ejercer como psicoterapeuta. Fueron pasando los años y finalmente, observó un “denominador común” en los seres humanos: se dio cuenta que todos luchamos de alguna manera contra las pérdidas.

No solo aconsejo su lectura, sino que aprovecho su contenido para reflexionar sobre algunos aspectos que quiero compartir.

Existe la denominada “filosofía perenne”, definida “como un conjunto universal de verdades y valores comunes a todos los pueblos y culturas”. Es la decantación de la sabiduría que se viene transmitiendo desde que existe la humanidad.

Estos conocimientos se han ido forjando y transfiriendo, gracias a las aportaciones de grandes hombres, que tuvieron la capacidad y valentía de desafiar lo establecido en su época; probablemente impulsados por un continuo proceso de autoconocimiento, que les permitió conectar con esas verdades que todos llevamos dentro. Me estoy refiriendo entre otros a Sócrates, Buda, Jesús de Nazaret, Viracocha, Lao-Tsé, etc…

Mi empeño personal y profesional, está en aprender y contribuir en mi modesta medida, a generalizar esa sabiduría humana, tratando de hacerla mas comprensible y por lo tanto más accesible a todos.

Me parece que el tema de la pérdida, es un capítulo importante del libro de la “filosofía perenne”.

Si la única constante en la vida es el cambio, y la gran paradoja de la existencia, es cambiar continuamente sin dejar de ser los mismos. Está claro que las pérdidas no solo son inevitables, sino absolutamente necesarias. La pérdida es aquello a lo que debemos renunciar para poder madurar y crecer. Existe un vínculo vital entre las pérdidas y las adquisiciones.

Cuando se lanza al espacio un cohete, vemos como en su subida va desprendiéndose paulatinamente de partes ya utilizadas, que de no hacerlo, dificultarían su ascenso. Bonita analogía paradójica: resulta que para ganar y "ascender", hay que renunciar y perder. 

Nuestra vida transcurre en un continuo “directo” sin ensayos posibles. En nuestra existencia, vivimos alternancias entre periodos de estabilidad y periodos de transición que nos llevaran a un cambio. Durante los periodos de estabilidad, solemos crear estructuras que le dan sentido a nuestra vida, tomando decisiones clave y persiguiendo ciertos objetivos. Pasado un tiempo, entramos en un periodo de transición, donde lo que habíamos creado ya no nos sirve, generando y explorando nuevas posibilidades y oportunidades de cambio.

Cada transición conduce al estado terminal de una estructura vital previa. Y cada estado terminal, es un final, un proceso de separación y pérdida. Por lo tanto, el duelo estará continuamente presente en nuestras vidas.

Ocurre lo mismo que cuando un traje se nos queda pequeño. Debemos desprendernos del viejo y ponernos el nuevo; pero en esa transición, hay que enfrentar un momento muy delicado y sensible para el que no existen atajos: es el momento de estar “con el culo al aire” (perdonarme la frase, pero creo que es muy descriptiva como sinónimo de crisis de ajuste). Por lo tanto, si queremos seguir adelante en la vida, será preciso enfrentar y superar esas crisis.

Creo que hay un concepto clave que si lográsemos comprender, asimilar, integrar y gestionar emocionalmente, nos liberaría de muchísimo sufrimiento. Se trata del concepto de proceso.

La palabra proceso significa cambio en el tiempo y como tal, todos los procesos están delimitados por un principio y un final. En la vida todo es un proceso.

Los problemas derivan de no aceptar los procesos de la vida tal y como son. Al no aceptarlos, los convertimos en problemas y al convertirlos en problemas, los perpetuamos en nuestras mentes a través de una lucha, lucha que finalmente nos conduce a un gran sufrimiento.

La realidad es como es y en última instancia, da igual que la aceptemos o no, porque la vida sigue a pesar de nosotros, por eso Buda afirmó que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

Hay que aprender a convivir con los procesos a base de aceptarlos, para llegar a comprender que la verdadera raíz de nuestros sufrimientos no tiene nada que ver con lo que nos pasa externamente, sino con lo que hacemos con lo que nos pasa. Conviene tener muy presente que "nada ni nadie nos puede hacer daño sin nuestro consentimiento". Se trata de recuperar el poder sobre nuestras mentes desenfocadas, por el “peso” de los paradigmas o creencias que nos poseen.

A lo largo de nuestras vidas, las pérdidas constituyen un fenómeno muy amplio. Perdemos no solo a través de la muerte, sino abandonando o siendo abandonados. Nuestras pérdidas no incluyen solo nuestras separaciones y nuestros adioses a los seres queridos, sino también las pérdidas conscientes o inconscientes de nuestros sueños, nuestras esperanzas irrealizables, nuestras ilusiones de libertad, de poder, de seguridad, así como la pérdida de nuestra propia juventud, de aquella individualidad que se creía ajena siempre a las arrugas del tiempo, inmortal e invulnerable.

Nuestro pasado vive en nuestro presente. Cobrar conciencia de cómo nuestras respuestas a las perdidas han modelado nuestras vidas, puede significar el comienzo de una profunza transformación.

En "Pérdidas necesarias", la autora afirma que la muerte y la separación, son dos de las pérdidas más importantes que puede experimentar un ser humano.

Enumera un orden de niveles de sufrimiento para las diferentes pérdidas que podemos experimentar a lo largo de la vida:

  • En primer lugar, establece que la pérdida más absoluta y contundente, es la muerte de uno mismo, o un cambio radical en el cuerpo por enfermedad o mutilación.
  • El segundo tipo de pérdida más seria es la separación de personas significativas en nuestra vida por muerte, divorcio o abandono. 
  • El tercer nivel de pérdidas que requiere ajuste a nuevas normas, incluye cambios normales de desarrollo en la vida, como podrían ser cambios de casa, trabajo etc.
  • La cuarta área es la pérdida de objetos importantes, dinero, esperanzas, aspiraciones o expectativas, así como cambios en el medio social. En el capítulo de pérdida de cosas también hay efectos emocionales diferentes. No es lo mismo perder dinero que perder un bolígrafo. Ni es lo mismo perder la esperanza que perder el tren o el avión. Nuestras reacciones son distintas en cada caso. Continuará ...